martes, 2 de septiembre de 2014

Sexto piso a la derecha.

Llamemos a este trastero nuestra sala de reuniones.
Llamemoslo como quieras.
Un sexto piso con primera linea de cielo nublado, casi azotea.
Sigue mirándome con esos ojos tiernos, como si en ese momento yo fuera todo tu mundo, como si yo fuera lo único que quisieras tener entre tus manos.
Como sigas así no podré evitar derramar toda mi confianza en ti, y te la quedarás, y te la llevarás...
Puede que me estés tratando mejor de lo que me merezco, mejor de lo que podría llegar a merecerme, aunque esto sea más que nada con gotas en sangre de esa pócima mágica que llaman alcohol. Pero dicen que los borrachos nunca mienten y yo no puedo ver mentiras en tus caricias delicadas. Yo no llego a ver más allá de todas ellas que me atrapan en un mundo un poco más volátil que el mío.
Tal vez no toque el cielo con la punta de mi dedo, pero puede que me eleve un poco de la capa del suelo que se supone que es la única que me mantenía.

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