jueves, 11 de septiembre de 2014

No estoy aquí para contaros más mentiras.
No estoy aquí para contaros todos los daños causados en mi pecho.
No sirvo para daros pena, o para deciros que todo va a ir bien, porque realmente las cosas van bien en escasas ocasiones.
Pues bien, todos queremos enamorarnos o enamorar a alguien hasta el punto en el que no somos capaces de pensar en nada ni nadie más, hasta el punto de no poder deshacernos de su presencia ni en las pesadillas, porque en ellas siempre estará para socorrernos. Lo queremos hasta el punto de inventar nuestro propio cuento de hadas y siempre, siempre será nuestro príncipe azul o nuestra princesa encantada. Ni siquiera creo que sea la persona que nos imaginamos el amor de nuestra vida, ni siquiera creo que por mucho que hayamos querido a cualquier malquerido en la vida sea ese amor de verdad, no creo que todo el mundo encuentre a su media naranja, pero si creo que todo el mundo cree encontrarla. No pienso darme por vencida en esta búsqueda, tengo tiempo, tengo años, porque aunque sea en el final de mi vida, sera el mejor final, los mejores pocos años, minutos o segundos.
Mi problema es que nunca me enamoro de las personas, me enamoro de las historias que invento en mi cabeza, de los cuentos que nos cuentan, de la idealización más próxima a la felicidad. Mi problema no es solo mio, no me considero especial, es el problema que la gran mayoría tenemos, sobre todo a las edades con las que luchamos, los tiempos en los que nos movemos. Olvidaros de tantas tonterias, hoy en día son pocos los que te van a esperar en tu portal con un ramo de flores silvestres, ¿para qué?, es mucho más fácil mandar un emoticono de una flor. 
Los parques ya no se llenan de picniks, se llenan de botellas alcohólicas y de jóvenes borrachos, ya no se gasta dinero en una botella de champán, compramos vinos de cartón, no tenemos ningún tipo de clase. Aunque tampoco la necesitamos, porque ese amor del que intento hablar, el que todos intentamos encontrar no necesita dinero, ni necesita glamour y mucho menos necesita riquezas. Porque el dinero es el trueque de miradas que se lanzan al aire, a los ojos del otro, el glamour es ver a esa persona sin maquillaje y empapada de lluvia y verla más guapa que nunca, y la clase la transformamos en la sonrisa que nos provoca cualquier tontería que esa persona, y solo esa persona, pueda decirnos.
No es necesario volver a ninguna época anterior para enamorarse, no lo creo, hoy en día puede ser igual de verdadero, igual de profundo. Podemos enamorarnos de la primera persona o de la veinteava, porque aunque hayamos tenido muchos intentos fallidos tenemos que conseguirlo, siempre debemos encontrarlo, contra huracanes, vientos y mareas, me da absolutamente igual el pronóstico que haya para mañana, pasado o para dentro de veinte años, no voy a dejar de pelear. Si yo no encuentro a esa persona, esa persona me encontrará a mi, si yo no me rindo, se que él tampoco lo hará. Si yo le espero con ganas, se que él también lo hará, porque si de verdad queremos compartir el resto de nuestra vida con alguien y no jurar ante Dios aunque no sea de verdad, no debemos de conformarnos, no debemos de quedarnos con lo mejor que encontremos, porque aunque no sea la mejor persona del mundo, aunque tenga fallos, aunque tenga debilidades, aunque caiga o tropiece varias veces con la misma piedra, a pesar de todo eso no malgastaras ni un solo segundo de tu vida, no cambiaras de idea, no querrás ningún otro roce, no querrás a nadie más, no sentirás miedo y tu debilidad siempre será él, al igual que tú serás la piedra del camino con la que siempre tropieza, tu seras sus fallos, tú serás su mayor flaqueza.

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