Se que el hambre de esos besos no volverá a pasarseme en la vida por muy larga que vaya a ser.
Se que no exisitiran más profundos roces de pequeñas mañanas sordas.
Se que la cama de noventa se me queda grande desde aquel año en el que te tumbaste en ella para verme más de cerca.
Se que es un constante principio de día final.
Se que las pupilas no se volverán a dilatar al beber de la misma copa o respirar el mismo humo, aire y salón.
Se que las paredes de un cuarto cualquiera no volverán a parecerme lejanas al no tenerte demasiado cerca y sin ropa.
Se que los días claros siempre serán oscuros.
Se que las noches se me harán largas.
Se que no quiero que exista tu ausencia.

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