sábado, 13 de diciembre de 2014

invierano

Las hojas de los cuentos que te escribí a veces huelen a ti. Si paso el dedo por sus bordes me impregno de tus aromas.
No se que es lo que creo recordar, si es un fresco viento del norte que me empapa de lluvia o si tan solo viene del sur para hacer que baile con las hojas caídas en otoño.
No eres más importante que un viejo y pelado árbol, pero me gusta tanto dibujarlos y observarlos, los veo tan firmes, tan tranquilos, tan llenos de vida que hasta me regalan oxígeno y tardes, al igual que tú.
Estoy tan contenta y feliz ahora mismo, casi alcanzo a no recordar que me zambullo en pasados, casi los creo presentes. Casi llego a no creerte.
Puedo llegar a considerar que la lejanía es hasta buena, que el aire que respiro es frío y embriagador, puedo considerar que tu conquista fue del todo completa y que tu reconquista fue absoluta.
Puedo llegar a considerarte virtud, no se si tu me mejorabas o yo te mejoraba a ti, si compartimos felicidades, pero ahora llego a comprender que nada de eso importa lo suficiente.
Tal vez ni tu importes tanto, tal vez me equivoque.
Tal vez pueda entender que te quiero, pero que ya no me gustas, o simplemente entienda que siempre podrás volver a gustarme.

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