martes, 18 de noviembre de 2014

cvtedm

Cada vez que me acuesto, te echo de menos.
Cada vez que amanece o anochece, te echo de menos.
Cada vez que salgo de casa, te echo de menos.
Cada vez que veo, te echo de menos, da igual lo que sea, me sirve cualquier cosa para hacerlo.
Cada vez que sueño o que despierto, te echo de menos.
Cada vez que me levanto con un nuevo sol más viejo y apagado.
Cada vez que tengo insomnio.
Cada vez que mastico fruta.
Cada vez que me lamo los labios.
Cada vez que me pongo el pelo tras la oreja.
Cada vez que pestañeo.
Cada vez que tengo frío en invierno.
Cada vez que espero un verano infinito.
Cada vez que tengo un problema.
Cada vez que todo me va bien.
Cada vez, te echo de menos, y no se como he llegado a este punto tan indeterminado e inflexible de no querer dejar de hacerlo, solo se que lo hago continuo y que me aferro a él como si el echarte de menos pudiera traerte de vuelta a mi lado.

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