Tengo que resistir estas ganas irrefrenables de hablarte.
Tengo que aguantarme esas ganas irresistibles de hablar como antes.
Esas ganas de comerte con patatas.
Estoy en medio de la punta vieja y la punta nueva.
Estoy en medio de lo que raspa y de lo que me duele.
Estoy apoyada en tu pared de gotelé.
Me debato entre el pensamiento de no pensarte y la resistencia de no hablarte.
Mi cabeza es una librería desordenada con nuevos cuentos por llegar.
No te mereces ni una de las palabras que te dedico, no te mereces ni una de las hojas que malgasto en hablar de ti.
Pero es que no se que tienes, o que se supone que esta haciendo el mundo para que me acuerde de ti, ¿acaso el planetario entero se ha alineado para ponerse en mi contra?
¡¿Qué mierdas me pasa contigo?!
Tengo la cabeza más loca aún por tu culpa, y ni siquiera estás aquí, ni siquiera hablamos.
¡¿Qué cojones me pasa contigo?!
Empiezo a detestarte, o a detestarme por no saberlo.
Te detesto tanto que te mataría a mordiscos.

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